Accesiblemente prohibitivos, desbordan. Labios maratonistas, recorren. Caminan senderos sinuosos. Besan, impúdicos, lúgubres cavernas; Hojarascas de fernet, cerveza o acaso séptimos regimientos. Carnosos o delgados, son cientos. En rigor, cientos de miles. Casuales muchachas, señoras y mas aún señoritas, proliferan en pintorescos (o no tanto) boliches del conurbano. Ocasionalmente, sitas en modernosos bares porteños. Solas, esperan al hombre. Al hoy adolescente muchacho de Corrientes y Esmeralda. Sí, aún en un boliche, danzando, pidiéndole a gritos al barman otro vaso más, rodeadas de gente, estan solas.Bajo el imperio de una soledad, diría el prestigioso escritor checo Hrabal, demasiado ruidosa.
